Desde algun recondito lugar del tercer mundo...
Somos un grupo de amigos de barrio, que compartimos intereses mutuos, deportivos artisticos culturales entre otros... que deseamos compartir con ustedes.
El titulo de nuestro blog nace de lo que soliamos hacer luego de horas de tertulia y conversacion , animada por buena musica, juegos de video, de azar y bebidas espirituosas, entonces se abria el apetito y alguien decia por ahi somos tacos y nos arrancabamos en la movilidad que estuviera a disposicion a comernos unos tacos en la SuperRueda a las tantas de la madrugada...
El titulo de nuestro blog nace de lo que soliamos hacer luego de horas de tertulia y conversacion , animada por buena musica, juegos de video, de azar y bebidas espirituosas, entonces se abria el apetito y alguien decia por ahi somos tacos y nos arrancabamos en la movilidad que estuviera a disposicion a comernos unos tacos en la SuperRueda a las tantas de la madrugada...
jueves, 28 de diciembre de 2006
viernes, 22 de diciembre de 2006
martes, 19 de diciembre de 2006
EL CHACARERO RECIDIVANTE SE COMIO A SU ESPOSA
Recidivante :
Solo hice refencia en la metafora , A recidivar porque significa.....que regresa que vuelve ..se usa mucho cuando los tumores son extirpados y regresan a hacer el mismo mal se vuelven a instalares mas ,hay algunos que ya se sabe que recidivaran.... "esos estomagos recidivaban.. "
Chacarero:Asi se llamaba uno de los tacos de la carta de la Rueda....la palabra proviene del quechua chajra.. granja...derrepente por eso tenia tantas huevadas porque estaba hecho para los que trabajaban en la chacra.
La verdad no sabia que el canibalismo te asustaba tanto....quizas sea porque me salto la aguja que escribi eso ,la verdad como dirias tu somos lo que somos y somos los que estamos o algo asi....en el futuro tratare de volverte loco no te preocupes.....
La real academia española no reconoce la palabra recidivante nose porque michi pero en Patologia se usaba mucho.....La realesa que sabrâ de patologias y otras huevadas.
Esta parte del aclare como se dice en Peru va referido al Blog que dice " y otras cojudeces"
domingo, 17 de diciembre de 2006
Algo acerca de los INCUNABLES POSLUDIOS
Incunables.. es o era un blog dedicado a difundir el rock argentino de las decadas 60, 70 y 80 con discos que ya no se editan mas o nunca salieron, la verdad es que era una maravilla, por que encontrabas discos muy dificiles y cosas raras, Freddy era el moderador, y desde aqui de Somos Tacos le rindo un homenaje por el buen trabajo que hizo, Los motivos por el que cerro los pueden leer en su mismo blog .
Pero hay cosas muy valiosas todavia en el blog de Freddy como son sus enlaces tenemos por ejemplo en ayudas como bajar y subir archivos con el rapidshare para los que quieran colaborar con musica, fotos o algo que pesa regular.
Front Row Center , con conciertos de Spinetta, Charly, Soda, Fito a lo largo de varias decadas,
Sir Lawn Mower Prog Site, con lo mejor del rock progresivo ingles, en el mejor sonido posible en la web,
y otros como BBC in concert, Puentes Amarillos. Zona Garcia entre otros...
Bueno finalmente les prometo poner en linea lo ultimo que colocaron los Incunables para que vean si les interesa algo de ahi.
Ahi les va:
Incunables_Posludios_06-06-06_a_06-12-03.rar
mas sitios de rock argentino:
http://inconseguiblesdelrock.blogspot.com/
http://groups-beta.google.com/group/incunables_postumos
Pero hay cosas muy valiosas todavia en el blog de Freddy como son sus enlaces tenemos por ejemplo en ayudas como bajar y subir archivos con el rapidshare para los que quieran colaborar con musica, fotos o algo que pesa regular.
Front Row Center , con conciertos de Spinetta, Charly, Soda, Fito a lo largo de varias decadas,
Sir Lawn Mower Prog Site, con lo mejor del rock progresivo ingles, en el mejor sonido posible en la web,
y otros como BBC in concert, Puentes Amarillos. Zona Garcia entre otros...
Bueno finalmente les prometo poner en linea lo ultimo que colocaron los Incunables para que vean si les interesa algo de ahi.
Ahi les va:
Incunables_Posludios_06-06-06_a_06-12-03.rar
mas sitios de rock argentino:
http://inconseguiblesdelrock.blogspot.com/
http://groups-beta.google.com/group/incunables_postumos
Avisa a los compañeros...
Bueno compays tenemos que difundir el blog entre los amigos y aquellos con los queramos compartir este material tengo en mente ahora a Cesar Alcazar, Luis Edmundo Olazabal, Zumaranes varios quien mas, se aceptan sugerencias solo necesito un correo valido para incribirlos como participantes.
Luis se nos hace famoso
Aquí tenéis una reseña sobre el trabajo de nuestro notable amigo... que por cierto, nunca coge el puñetero teléfono.
Nos siguen pegando abajo
(Breve extracto de los diarios de Bartok)
"Ma, ma, ma... estoy yéndome" - éstas fueron las últimas palabras del hombre que se desintegró en el club del farolito azul.
El enigma trajo en jaque a todo el equipo del inspector Brizuelo, al menos durante los tres minutos y treinta y ocho segundos que les llevó darle la vuelta al caso. Era demasiado para ellos, sobre todo para la inspectora Elías, que era menor, y para el sargento Fuentes, que siempre había dado muestras de ser bastante normal.
El hombre había desaparecido como si se tratase de una luz apagándose. Era todo muy raro y nadie parecía saber por dónde empezar, y eso que durante la casi totalidad de esos tres minutos y treinta y ocho segundos, todos los presentes, menos los antes mencionados, dieron muestras de gran dedicación y fino instinto policial. Cualquier otro caso, por complejo que fuera, hubiese sido resuelto por esos hombres y mujeres en esos momentos. Esto quedo claro cuando incluso Sánchez se permitió articular una hipotética demostración de la existencia de Dios, cuya argumentación, breve pero ontológicamente diáfana, conmovió profundamente a los presentes, salvo, claro, a la menor y al normal, para quienes el estudio del ser nunca había despertado interés alguno. Huelga decir que fueron duramente recriminados por su falta de sensibilidad ontológica.
"Ma, ma, ma... estoy yéndome" - éstas fueron las últimas palabras del hombre que se desintegró en el club del farolito azul.
El enigma trajo en jaque a todo el equipo del inspector Brizuelo, al menos durante los tres minutos y treinta y ocho segundos que les llevó darle la vuelta al caso. Era demasiado para ellos, sobre todo para la inspectora Elías, que era menor, y para el sargento Fuentes, que siempre había dado muestras de ser bastante normal.
El hombre había desaparecido como si se tratase de una luz apagándose. Era todo muy raro y nadie parecía saber por dónde empezar, y eso que durante la casi totalidad de esos tres minutos y treinta y ocho segundos, todos los presentes, menos los antes mencionados, dieron muestras de gran dedicación y fino instinto policial. Cualquier otro caso, por complejo que fuera, hubiese sido resuelto por esos hombres y mujeres en esos momentos. Esto quedo claro cuando incluso Sánchez se permitió articular una hipotética demostración de la existencia de Dios, cuya argumentación, breve pero ontológicamente diáfana, conmovió profundamente a los presentes, salvo, claro, a la menor y al normal, para quienes el estudio del ser nunca había despertado interés alguno. Huelga decir que fueron duramente recriminados por su falta de sensibilidad ontológica.
Todo esto ocurría mientras hacían un breve descanso en esos agotadores tres minutos y treinta y ocho segundos en los que hubiesen podido resolver cualquier caso, cualquiera menos el del hombre que se desintegró en el club del farolito azul. De nada sirvió la llamada de Mestre desde el lugar de los hechos, en la que decía no sé que de unas pastillas y unos hombres de gris.
Hay que ser sincero y confesar que el grupo del inspector ignoraba muchos datos, lo que resultaba lógico teniendo en cuenta de que sólo disponían de tres minutos y treinta y ocho segundos, los cuales no iban a malgastar acercándose hasta el lugar de los hechos, donde un hombre se apagó como se apagan las luces de las habitaciones de los niños que no le temen a la oscuridad.
Sin embargo los hombres y mujeres que se hallaban reunidos en aquel lúgubre despacho de la comisaría nº 12 del barrio de Jesús María, poseían algo infinitamente más importante que unas estúpidas pistas: tenían un fino instinto policial, complementado por un estructurado método deductivo, en el que se entremezclaban los hallazgos más brillantes del racionalismo cartesiano con los postulados de Fromm respecto a la conducta social... y mucha, pero que mucha, dedicación; salvo, por supuesto, Elías y Fuentes, que rara vez superaban el umbral de su inconfundible interés desinteresado.
Ni siquiera la llegada de la muchacha de la sanguchería de la esquina con las viandas solicitadas dos minutos antes, supuso una merma en el rendimiento de aquellos hombres y mujeres, que comieron, sí, pero entre bocado y bocado hallaban tiempo para seguir reflexionando. Incluso el viejo inspector Brizuelo intento esbozar su mantra de los momentos difíciles, pero la salsa huacatay mezclada con frijoles negros que se desparramaba entre sus dedos grasientos, restaron hondura a su argucia.
Hubiese dado igual: con mantra o sin mantra, no había forma de enfocar aquel extraño caso del hombre desintegrado en club del farolito azul.
Tras veiniséis segundos de silencio general, que muchos aprovecharon para el cafe y las cremoladas, volvió a llamar Mestre. Esta vez se refirió a un hombre que se desmayaba en ese preciso instante. ¡Zas! , el inspector Brizuelo se incorporó de un brinco y cogió el telefono. Todos se sobresaltaron, salvo claro los de siempre que no solían sobresaltarse por nada.
"Ya está, lo sabe"- pensó el alférez Gutiérrez, que aunque era alférez conocía al inspector como el que más. "Lo sabe" - volvió a pensar tras pensarlo una segunda vez - y mientras pensaba el inspector había colgado el teléfono y salía de la lúgubre habitación apresuradamente. Gutiérrez, que no se había enterado por estar pensando, preguntó a uno de los muchachos por lo que había pasado. Tras una brevísima pausa para la selección y organización del recuerdo, su compañero le explicó que el inspector le pidió a su interlocutor que se tendiera en el suelo y le dijera si desde esa posición los podía ver locos de placer alejándose. Segundos después colgó el teléfono y salió corriendo.
"Maldito Descartes"... El alférez Guitiérrez se sintió muy mal: siempre se perdía las cosas importantes por su maldita manía de pensar sobre las cosas importantes.
Hay que ser sincero y confesar que el grupo del inspector ignoraba muchos datos, lo que resultaba lógico teniendo en cuenta de que sólo disponían de tres minutos y treinta y ocho segundos, los cuales no iban a malgastar acercándose hasta el lugar de los hechos, donde un hombre se apagó como se apagan las luces de las habitaciones de los niños que no le temen a la oscuridad.
Sin embargo los hombres y mujeres que se hallaban reunidos en aquel lúgubre despacho de la comisaría nº 12 del barrio de Jesús María, poseían algo infinitamente más importante que unas estúpidas pistas: tenían un fino instinto policial, complementado por un estructurado método deductivo, en el que se entremezclaban los hallazgos más brillantes del racionalismo cartesiano con los postulados de Fromm respecto a la conducta social... y mucha, pero que mucha, dedicación; salvo, por supuesto, Elías y Fuentes, que rara vez superaban el umbral de su inconfundible interés desinteresado.
Ni siquiera la llegada de la muchacha de la sanguchería de la esquina con las viandas solicitadas dos minutos antes, supuso una merma en el rendimiento de aquellos hombres y mujeres, que comieron, sí, pero entre bocado y bocado hallaban tiempo para seguir reflexionando. Incluso el viejo inspector Brizuelo intento esbozar su mantra de los momentos difíciles, pero la salsa huacatay mezclada con frijoles negros que se desparramaba entre sus dedos grasientos, restaron hondura a su argucia.
Hubiese dado igual: con mantra o sin mantra, no había forma de enfocar aquel extraño caso del hombre desintegrado en club del farolito azul.
Tras veiniséis segundos de silencio general, que muchos aprovecharon para el cafe y las cremoladas, volvió a llamar Mestre. Esta vez se refirió a un hombre que se desmayaba en ese preciso instante. ¡Zas! , el inspector Brizuelo se incorporó de un brinco y cogió el telefono. Todos se sobresaltaron, salvo claro los de siempre que no solían sobresaltarse por nada.
"Ya está, lo sabe"- pensó el alférez Gutiérrez, que aunque era alférez conocía al inspector como el que más. "Lo sabe" - volvió a pensar tras pensarlo una segunda vez - y mientras pensaba el inspector había colgado el teléfono y salía de la lúgubre habitación apresuradamente. Gutiérrez, que no se había enterado por estar pensando, preguntó a uno de los muchachos por lo que había pasado. Tras una brevísima pausa para la selección y organización del recuerdo, su compañero le explicó que el inspector le pidió a su interlocutor que se tendiera en el suelo y le dijera si desde esa posición los podía ver locos de placer alejándose. Segundos después colgó el teléfono y salió corriendo.
"Maldito Descartes"... El alférez Guitiérrez se sintió muy mal: siempre se perdía las cosas importantes por su maldita manía de pensar sobre las cosas importantes.
En ese trance se hallaba el bueno del alférez, jurándose a sí mismo no volver a pensar, cuando volvió el inspector. Dentro del despacho, se dirigió hacia el tocadiscos y muy despacio. Con un movimiento más propio de un cirujano que de un viejo inspector de policía con la barba teñida de salsa huacatay y frijoles negros, levantó la aguja y con suma precisión la retrasó dos centímetros y doce milímetros, para luego volver a dejarla caer.
"Ma, ma, ma... estoy yéndome" - estas fueron las últimas palabras del hombre que se desintegró en el club del farolito azul.
"Ahora tenemos tres minutos y treinta y ocho segundos más" - dijó tranquilamente el inspector Brizuelo ante el aplauso general de los hombres y mujeres que se hallaban en el lúgubre despacho de la comisaría nº 12 de Pueblo libre, salvo claro el normal y la menor, que fueron enviados, por su displicencia, a pedir unos tacos a la sanguchería de la esquina. "Para mí un mixto con huacatay" - les ordenó el inspector cuando estaban saliendo. Al minuto llamó Mestre diciendo no sé que de unas pastillas y unos hombres de gris.
"Ma, ma, ma... estoy yéndome" - estas fueron las últimas palabras del hombre que se desintegró en el club del farolito azul.
"Ahora tenemos tres minutos y treinta y ocho segundos más" - dijó tranquilamente el inspector Brizuelo ante el aplauso general de los hombres y mujeres que se hallaban en el lúgubre despacho de la comisaría nº 12 de Pueblo libre, salvo claro el normal y la menor, que fueron enviados, por su displicencia, a pedir unos tacos a la sanguchería de la esquina. "Para mí un mixto con huacatay" - les ordenó el inspector cuando estaban saliendo. Al minuto llamó Mestre diciendo no sé que de unas pastillas y unos hombres de gris.
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